La poda del olivo permite controlar su crecimiento, renovar las ramas productivas yfacilitar la entrada de luz y aire en el interior de la copa. Bien realizada, contribuye a mantener el árbol equilibrado y facilita las labores posteriores de mantenimiento y recolección.
Sin embargo, una poda incorrecta puede provocar el efecto contrario. Cortar más de lo necesario, hacerlo en un momento inadecuado o utilizar herramientas en mal estado puede debilitar el olivo y afectar a su desarrollo y producción.
Estos son siete errores frecuentes que conviene evitar durante la poda del olivo.
1. Podar el olivo en un momento inadecuado
La poda suele realizarse después de la recogida de la aceituna y antes del inicio de la nueva floración. No obstante, el momento exacto dependerá del clima de cada zona, la variedad, el estado del árbol y el tipo de cultivo.
En las zonas con inviernos suaves puede comenzar antes, mientras que en los lugares donde todavía existe riesgo de heladas es recomendable esperar. Las bajas temperaturas pueden afectar a las zonas recién cortadas y dificultar la recuperación del árbol.
También conviene evitar la poda durante jornadas de lluvia o con una humedad elevada. Siempre que sea posible, es preferible trabajar durante un periodo seco y estable.
Por tanto, no existe una fecha exacta válida para todos los olivares de España. Antes de comenzar hay que observar las previsiones meteorológicas y el estado de los árboles.
2. Eliminar demasiadas ramas de una sola vez
Uno de los errores más habituales consiste en confundir una copa despejada con una buena poda. Eliminar demasiadas ramas reduce la superficie foliar y puede suprimir una parte importante de la madera productiva.
Cuando la poda es demasiado intensa, el olivo puede responder generando numerosos brotes verticales. En lugar de destinar sus recursos a la producción, tendrá que emplearlos en recuperar la vegetación perdida.
El objetivo debe ser encontrar un equilibrio: permitir que la luz llegue al interior de la copa sin dejar las ramas principales completamente expuestas.
Si el árbol lleva varios años sin podarse, es preferible corregir su estructura progresivamente. Intentar recuperar un olivo descuidado en una sola intervención puede debilitarlo y comprometer su respuesta durante las siguientes campañas.
3. Aplicar la misma poda a todos los olivos
Cada árbol necesita una intervención diferente. La edad, el vigor, la variedad, el sistema de cultivo y la producción del año anterior influyen en la cantidad de ramas que se deben eliminar.
En un olivo joven, la poda debe centrarse en formar una estructura resistente y bien distribuida. En un árbol adulto, el objetivo será mantener el equilibrio entre crecimiento y producción. Los olivos envejecidos o dañados pueden necesitar una poda de renovación, normalmente realizada de forma gradual.
Tampoco debe podarse de la misma manera un olivar tradicional que una plantación intensiva. La separación entre los árboles, el sistema de recolección y la posibilidad de mecanizar los trabajos condicionan la forma y el tamaño más conveniente para la copa.
Antes de cortar conviene observar cada olivo individualmente y preguntarse qué ramas realmente dificultan su desarrollo.
4. Realizar cortes incorrectos
Un corte mal ejecutado puede desgarrar la corteza y dejar una herida irregular. Esto suele ocurrir cuando la herramienta no está bien afilada, cuando se fuerza sobre una rama demasiado gruesa o cuando se intenta retirar una rama pesada con un único corte.
Los cortes deben ser limpios y precisos, evitando dejar muñones innecesariamente largos o dañar el punto de unión con la rama principal.
Cuando se trabaja con ramas gruesas, es importante controlar su peso para impedir que se rompan antes de terminar el corte. Además, antes de eliminar una rama principal hay que valorar cómo afectará a la forma y al equilibrio del árbol.
Podar no consiste únicamente en cortar. También implica anticipar cómo responderá el olivo cuando vuelva a brotar.
5. Utilizar herramientas desafiladas o sucias
Las herramientas de poda tienen un efecto directo sobre la calidad del corte. Una cuchilla desafilada puede aplastar o desgarrar la madera, obliga a realizar más esfuerzo y ralentiza el trabajo.
Antes de comenzar la jornada conviene:
- Comprobar el estado y el afilado de las cuchillas.
- Revisar la tensión y lubricación de las cadenas.
- Limpiar los restos de savia y suciedad.
- Verificar que los tornillos y sistemas de seguridad funcionan correctamente.
- Desinfectar las herramientas cuando se haya trabajado sobre un árbol enfermo.
Este mantenimiento también debe repetirse durante la campaña. Esperar a que la máquina deje de funcionar correctamente puede provocar averías y cortes deficientes.
Una herramienta cuidada no solo dura más: también permite trabajar con mayor precisión, comodidad y seguridad.
6. Emplear la misma herramienta para todas las ramas
No todas las ramas pueden cortarse con la misma máquina. Su diámetro, altura y dureza determinan qué herramienta resulta más apropiada.
Las tijeras manuales pueden ser suficientes para pequeñas intervenciones. Cuando hay que realizar muchos cortes repetitivos, las tijeras de batería reducen el esfuerzo y permiten avanzar con mayor rapidez.
Para ramas de mayor grosor será necesario utilizar una sierra, una electrosierra o una motosierra adecuada. En las zonas altas del árbol, los equipos telescópicos pueden facilitar el acceso desde el suelo y evitar posturas incómodas.
Forzar una tijera sobre una rama demasiado gruesa puede dañar la cuchilla y dejar un corte deficiente. Utilizar una motosierra demasiado grande para trabajos de precisión también dificulta el control.
¿Qué herramienta elegir para la poda del olivo?
La elección dependerá principalmente del tipo de trabajo:
- Ramas pequeñas y medianas: una tijera de batería como las Flora PC 32, PC 38 o PP 40 permite realizar cortes repetitivos con menos esfuerzo.
- Trabajos variados: un equipo multifunción puede resultar práctico para quienes necesitan afrontar distintas tareas durante la campaña.
- Ramas gruesas: una motosierra ligera y manejable, como los modelos de poda de Dormak, ofrece la potencia necesaria manteniendo un buen control.
- Ramas elevadas: una sierra telescópica permite alcanzar determinadas zonas sin tener que acercarse tanto a la copa.
Además de la potencia, hay que valorar el peso, la ergonomía, la autonomía, el mantenimiento y la frecuencia de uso. La herramienta más potente no siempre es la más adecuada: debe adaptarse al trabajo y a la persona que va a utilizarla.
7. No revisar el resultado antes de continuar
Durante la poda es fácil concentrarse demasiado en una parte del olivo y perder la visión general. Para evitarlo, conviene detenerse cada cierto tiempo, alejarse unos metros y observar la forma completa de la copa.
Antes de seguir cortando, hay que comprobar si:
- Se han eliminado las ramas secas o dañadas.
- Quedan ramas que se cruzan o rozan entre sí.
- La luz puede entrar de manera equilibrada.
- Se mantiene suficiente superficie productiva.
- La altura y la anchura permiten realizar los trabajos posteriores.
- El árbol conserva una estructura estable.
Esta revisión ayuda a detectar posibles desequilibrios y evita eliminar ramas innecesarias. Muchas veces, uno de los aspectos más importantes de la poda es saber cuándo parar.
Una buena poda comienza con una buena preparación
La poda influye en el desarrollo del olivo, pero no es el único factor que determina la cosecha. El clima, la disponibilidad de agua, la nutrición, el estado sanitario y la producción del año anterior también intervienen.
Aun así, evitar estos errores ayuda a proteger el árbol y a mantener una estructura más equilibrada. Para conseguirlo, es importante planificar el trabajo, observar cada olivo y contar con herramientas adecuadas para los distintos tipos de corte.
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